
¿Qué espera este SEVILLA,FC para creerse de una vez por todas que puede ser alternativa a los grandes? ¿Cuál debe ser la chispa que encienda la espita que le haga reconocerse y verse alzado y definitivamente confirmado, por encima de las mediocridades del fútbol español? Lo tiene todo, está confeccionado para grandes cosas, quizás el estímulo ha de encontrarlo el ENTRENADOR e infundir el ánimo necesario e imprescindible para comprometer y comprometerse en la tarea definitiva de sobresalir. La AFICION está deseosa de que el EQUIPO consagre, de una vez por todas, aquellos días en los que cinco títulos fueron la respuesta más eficaz a las necesidades de la ENTIDAD. Es ese el FANTASMA que debe superar y eso implica la ardua tarea de procurar ganar casi todos los partidos para estar ahí, agazapado esperando el momento. Y esa tarea le pesa sobremanera, le está ocasionando un fuerte CHOC traumático que en estos momentos le tiene bloqueado.

Los equipos a los que se enfrenta el SEVILLA, F.C. lo saben, sus encuentros los preparan a consciencia y dan más del cien por cien para hacer que la reválida se posponga cuanto más mejor y así llevarse los honores de la machada de haber superado las aspiraciones del aspirante a TODO. Vienen a revienta caldera como este Valladolid, un equipo mediocre donde los haya, pero en el tapiz del campo, donde se da cita la gloria o el infortunio, son once contra once y aquí es donde se cuecen verdaderamente las habas.
Hay que tener la mente muy despejada y lúcida, la ANSIEDAD le puede al aspirante y no sabe como manejar esa situación. A las primeras de cambio, cuando no salen bien las cosas, porque el centro de campo está cogido, porque las bandas están tomadas, porque el rival se multiplica y corre endiabladamente, porque los delanteros no ven puerta y fallan, se cortocircuita y se convierte en un equipo SIMPLE y RAMPLÓN. Nada que ver con la calidad que atesora. Las piernas se agarrotan y la mente se embota convirtiéndolo todo en un querer y no poder.

Entonces el contrario te supera, te atosiga, te agobia y en una de ellas te marca y se pone por delante. La grada se angustia, todo se te pone en contra y no hilas jugada que pueda contrarrestar el marcador. Pero atesoras calidad y llega el empate que mejora tus expectativas y renacen las fuerzas, te crees que es posible superar el escollo. Vienes de otro empate, los de atrás te pisan los talones y el objetivo peligra. Dos partidos en tu casa, dos empates, cuatro puntos tirados por la borda es un botín demasiado insufrible para ir con la cabeza alta. Sabes que no vas a ganar todos los partidos, pero este no estaba en el guión, sabes que las competiciones se acumulan y que los desafíos son grandes, pero ahí está tu revalida, ahí radica el compromiso adquirido a principio de temporada. Debes superar las adversidades si quieres ser alternativa.

Más, a medida de como marcha el encuentro, se intensifica en ti la creencia de que no puedes, va creciendo la idea de que este domingo tampoco, habrá que esperar al siguiente, el rival ha organizado bien sus efectivos, ni incluso con diez, porque le han expulsado a uno, puedes con él. Entre otras cosas porque la ANSIEDAD te supera y cuando acometes la meta lo haces precipitadamente y cometes el error fatal de fallar una y otra vez. La mente se quiebra y un pensamiento aflora: NO ES POSIBLE, NO LO CONSEGUIRÉ. Pasan los minutos y el guión es el mismo, la GRADA chilla, los cambios no hacen lo que deben, por eso están en el banquillo y te desesperas sabiendo que otra jornada sigues sin hacer los deberes.
El pitido final del árbitro, pone un punto y ¿quizás aparte? a tu infortunio. Pero te vas del campo con la sensación terrible de FRACASO.

Así se desarrolló el Sevilla-Valladolid, así el Sevilla-Málaga. Ahora es tarea de JIMENEZ de sacar del choc mental a los JUGADORES para volver a ser lo que eran al principio de temporada. También, y es justo reconocerlo, que los efectivos que no jugaron por diversas razones, deben ponerse las pilas y ayudar a alcanzar el OBJETIVO. La regularidad es el alma de esta competición y hay que volver cuanto antes a la senda que hemos perdido. Aún hay margen de tiempo.